A Place of Grace

Thought of the Week

    by Susan

    2 de octubre de 2017

(Nota: Un Lugar de Gracia se publica semanalmente)

 

Caos y Confusión

La temporada de béisbol ha empezado. Realmente disfruto mirar los juegos y ver a nuestro equipo de Tampa, los Bay Rays jugar. La experiencia de ver un juego en persona es algo único. Lo que se ve y lo que suena es grandioso. Se escucha el sonido de una campana; el sonido del toque de tambor hecho por cientos de manos; los sonidos producidos por los pies de los seguidores cuando su equipo está a punto de anotar una buena jugada. Puedo decir que concentrarse con todo ese ruido no es fácil. Me he dado cuenta que el sonido o bulla tiene dos propósitos: primero el motivar al equipo, dejándole saber que sus seguidores están allí; el segundo es causar confusión al oponente, de manera tal que el ruido no le deje concentrarse y así falle en su intento de anotar.

Lo mismo pasa con el fútbol americano. Es tanto el ruido que los jugadores muchas veces no pueden escuchar cuando el “quarterback” le hace una señal, por consiguiente la jugada va enfocada hacia una dirección a la cual no estaba supuesta a ir, y todo por causa de la confusión.¿Sabía usted que tal confusión se da donde está entre el Diablo y sus ayudantes cuando los hijos de Dios comienzan a orar? Carmen canta una canción que relata el caos que se da en el infierno. Según la canción, Satanás esta enojado y confundido porque hay caos y confusión alrededor de él. No entiende qué es lo que está pasando; ve que sus demonios regresan golpeados y sangrando; han perdido su poder por tanto no dan rendimiento. Hay un sonido que él mismo no puede discernir y es un sonido como de un gran terremoto. Satanás en su furia y frustración, coge a un demonio y le pregunta, ¿qué está sucediendo? y éste con rostro de espanto y todo tembloroso le responde: “Son esos, los santificados, los purificados, los salvados por Jesucristo, los santos, los hijos de Dios que están arrodillados orando.”

Las oraciones fueron las que hirieron a los demonios y los confundieron de manera tal que no pudieron llevar a cabo las órdenes de su jefe, Satanás. Santos de Dios, levantemos nuestras voces para adorar a Dios. Arrodillémonos y digamos plegarias delante de Dios. En oración, confesemos la Palabra de Dios y de esa manera le damos una “patada” a los demonios para que regresen de donde vinieron derrotados. Proclamemos sanidad para nuestros cuerpos. Declaremos restauración en nuestros matrimonios. Confesemos prosperidad en cuanto a las finanzas y digamos “Jesucristo es el Seño”.

Vamos hijos de Dios, levantemos nuestra voz para que allá en los cielos se deje escuchar nuestras alabanzas y oraciones. Salmo 34:1-4 Santiago 5:13-16 Mateo 21:22   
 

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