This Week’s Article – Spanish

LOro del tonto

Un hombre que le gustaba llevar a su hija a caminar por los senderos de las montañas. A ambos les gustaba explorar la naturaleza: el bosque bello, las flores silvestres, los animales jugando y persiguiéndose unos a otros a través de los árboles. El dormir bajo las estrellas era una de sus costumbres favoritas, a ellos les encantaba como la noche era iluminada por las brillantes estrellas. Ambos sentían pasión en explorar el campo.

En una de esas exploraciones, un día llegaron a una mina abandonada, ambos estaban emocionados, por la posibilidad de que talvez encontrarían algún oro allí. Se adentraron en la mina y se sorprendieron de lo extensa que era; dentro de la mina encontraron unos de esos carros que están montados sobre rieles, esos que se usaban para transportar las rocas y los deshechos. ¡Que emoción! Comenzaron a avanzar, caminando juntos por temor a perderse ya que era totalmente oscuro. Por ser la mina muy antigua, no prometía el estar en buena condición.

Ellos caminaban y comentaban el hecho de que esa mina fue excavada sin uso de máquinas en aquel tiempo, era claro que se necesitó un gran número de personas para trabajarla. Iban caminando cuando algo que brillaba llamó la atención de la jovencita. ¡Guau!, ¿podrá eso que brilla ser oro? Ella llamó a su padre para que mirara, quería asegurarse de lo que estaba viendo. La joven se alejó de su padre, caminó hacia el grupo de rocas apiladas, donde la roca que brillaba sobresalía entre todas las otras. Piso una roca, luego otra hacia arriba, otro paso más y de repente algo inesperado pasó: Las rocas apiladas comenzaron a moverse hacia abajo, estaban allí solo para cubrir un hoyo profundo. El vacío no solo comenzó a absorber las rocas, sino que también a la joven. Ella experimentó algo parecido al estar parado sobre arena movediza que se la tragaba. Ahora estaba atrapada. Mientras todo lo anterior sucede, el padre nota que ella no está cerca de él y empieza a llamarla. La chica al verse atrapada, comienza a gritar por auxilio. Intenta subir, pone su pie, éste se resbala, vuelve a caer y siente que ahora está en un nivel más profundo. El padre la localiza y nota que mitad de su cuerpo está enterrada en los escombros. El padre le pide que deje de moverse, él va a tratar de sacarla, para eso le pide que se quede quieta, pero ella se encuentra desesperada y sigue moviéndose. Al moverse, en lugar de salir, más se va hundiendo. El padre en un último intento le dice: quédate quieta, no te muevas. Algo en la voz de su padre, la calmó y por tanto dejo de luchar por salir. Su padre pudo alcanzarla, la jaló y pronto ella estuvo fuera del hueco.

Es maravilloso para nosotros, el caminar junto a nuestro Padre Celestial, admirando todo lo que nos rodea, admirando toda la belleza creada que Sus manos han creado. Su fortaleza y amor nos hacen olvidar todo lo demás y de repente aparece la distracción, algo nos comienza a atraer, algo que no parece peligroso…y cuando menos nos damos cuenta, nos vamos separando de nuestro Padre. Vamos avanzando cuando de repente vemos que hemos caído en el hoyo del pecado, en el hoyo de los placeres mundanales. En lo más profundo de nuestro ser, nosotros sabemos que debemos clamar a Dios nuestro Padre, pero no lo hacemos porque confiamos que podremos solos, confiando en nuestras propia prudencia. Intentamos salir, poniendo los pies sobre base falsa y al final terminamos hundiéndonos más. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a poner en riesgo nuestras vidas por oro falso?

Allí estamos en el hoyo y la voz de Dios se deja oír: Déjame ayudarte, dame tu mano, deja que yo te saque. Ah!! Lo estamos escuchando, pero lo ignoramos porque seguimos pensando que lo lograremos sin su ayuda. Allí estamos y de repente Su voz como estruendo se deja escuchar: Quédate quieto y ten paz. Al oír lo que nos dice, reaccionamos y dejamos de luchar, dejamos de intentar salir por nosotros mismos. Entonces Dios nos jala y nos saca del pecado y nos pone sobre la roca firme. Nos limpia y nos provee vestidos limpios, corazón limpio y nos da una mente renovada. Remplazando así nuestra tristeza por gozo, a la vez que nos envuelve con Su amor.

Cualquiera que sea el hoyo en que usted se encuentre, grite por el auxilio que viene de lo alto. Pare de tratar salir por sus propias fuerzas o habilidades. ¿Puede usted oír a Dios que le llama? ¿Lo puedes oír. El te está diciendo, “Quédate quieto y ten paz”.

Marcos 4:35-41; Salmo 46:10; Juan 14:27