A Place of Grace

Thought of the Week

    by Susan

    12 de noviembre de 2018

(Nota: Un Lugar de Gracia se publica semanalmente)

 

Tesor

Mi cuñada me envió esta historia, la cual me hizo llorar. Esa historia, me hizo recordar que hay alguien quien nos ama con amor incondicional, con un amor tan grande e incomprensible.

Mary y su esposo Jim tenían un perro llamado Lucky, el cual era un personaje único. La pareja, cuando tenían visitas que venían a quedarse con ellos por un tiempo, lo primero que le recomendaban, era que no dejaran sus maletas o bolsos abiertos. Todo porque Lucky le gustaba sacar de estos cualquier objeto que le llamara la atención. Si alguien no seguía la recomendación, más tarde se encontraría con que le faltaba alguna de sus pertenencias. Si eso pasaba, la pareja sabía que tenían que ir al sótano y buscar en la caja de juguetes del perro. Ellos sabían, que el perro, lo que le gustaba y cogía, lo ponía en su caja. Era en esa caja donde atesoraba lo que le gustaba.

Un día, a Mary le diagnosticaron cáncer en pecho. Algo le decía a ella que moriría de esa enfermedad…la verdad es que ella estaba segura que la fatalidad le había llegado. Mary entonces decidió someterse a mastectomía doble. La noche antes de irse al hospital, Mary decidió recostarse junto a Lucky. Este perrito de tres años amaba a Jim, pero bien era sabido que a quien prefería era a Mary. Como Lucky era tan apegada a ella, a Mary le preocupaba que Lucky sufriera si ella llegaba a morir (ella estaba segura que moriría). La operación fue complicada, más de lo que los doctores esperaban y Mary tuvo que quedarse en el hospital por dos semanas. Y durante ese tiempo, Jim cuidó a Lucky, y aunque le llevaba a su caminata de la tarde, el perro mostraba la tristeza que sentía por la ausencia de Mary.

Cuando ella regresó a la casa, estaba tan cansada que no podía dar paso alguno, ni siquiera para ir al baño. Jim para que ella no hiciera esfuerzo alguno, la ayudó a acostarse en el sofá y así pudiera dormir una siesta. Mientras tanto, el perro la miraba desde lejos y no venía hacia Mary cuando ella la llamaba. Esto entristeció a su ama, pero pronto se quedó dormida. Al rato se despertó y se sintió algo extraña: al querer mover su cabeza o su cuerpo, sintió que algo pesado que la cubría se lo impedía. Pero pronto el pánico desapareció dando lugar a la risa, al entender lo que le estaba pasando. El perrito la había cubierto literalmente, de la cabeza a los pies, con todos sus juguetes. Mientras ella dormía, Lucky hizo un viaje tras otro al sótano para traer hasta donde Mary, su amada dueña, cada uno de los juguetes que había coleccionado. La había cubierto con amor. Después de esa experiencia, Mary dejó de pensar en que se iba a morir, y tanto ella como el perro comenzaron a vivir nuevamente. Ya han pasado y a Mary no le ha vuelto a aparecer el cáncer. ¿Qué de Lucky? El continúa atesorando lo que le gusta, guardándolo en su caja de juguetes. Pero Mary sigue siendo su gran tesoro.

¿Sabía que usted valioso para Dios? ¿Sabía usted que Dios siempre le quiere cubrir con amor y paz? ¿Sabía usted que en los momentos que atravieses por horas oscuras o por crisis, Dios quiere caminar con usted, para así iluminarle el camino? ¿Sabía usted que Dios también tiene una caja de tesoros y si usted le obedece, él compartirá todo lo que tiene con usted? Más aún, Dios en su misericordia, porque nos ama, nos ha dado su mayor tesoro. Nos dio a Su Hijo Jesucristo quien a su vez, porque nos ama, entregó Su propia vida por nosotros, quienes somos su más grande tesoro.

Filipenses 4:6-7 1 de Samuel 25:29 Juan 3:16

 

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