A Place of Grace

Thought of the Week

    by Susan

    13 de augusto de 2018

(Nota: Un Lugar de Gracia se publica semanalmente)

 

No tormenta dura eternamente

El mar de Galilea que se encuentra a 686 pies de altura y rodeado por cerros y montañas. Su medida es de 13 millas de largo y la parte más ancha es de 8 millas. El monte Hermón esta al noroeste del mar y tiene una altura de 9,230 pies sobre el nivel del mar y la mayor parte del año está cubierto de nieve. Es por eso que cuando los vientos tibios turbulentos del mar de Galilea se mezclan con los vientos fríos del Monte Hermón produce tormentas terribles. Yo recuerdo que cuando estuve allí, el mar estaba calmado y su superficie lucía como un espejo. El próximo día, el mar se tornó turbulento y cuando nos montamos en el bote para “ir al otro extremo”, pudimos experimentar un poquito lo que sintieron los discípulos aquella noche cuando la tormenta vino mientras navegaban en el mar.

En Marcos 4:35 se nos dice que antes de montarse en la barca, Jesús estuvo bien ocupado enseñando y sanando enfermos. Me imagino que los discípulos al ver lo cansado que estaba Jesús le dijeron “vaya y descanse que nosotros nos encargamos de todo”; talvez ellos pensaron que mientras Jesús tomaba la siesta, ellos navegarían hacía la otra orilla sin contratiempos. Juan, Andrés y Pedro conocían bien ese mar y las tormentas que se daban en esa área, ellos eran pescadores y puede ser que pensaron que por su experiencia, todo lo tenían bajo control.

Al principio del viaje todo marchaba bien, pero de repente se da la tormenta: Un viento que sopla fuerte comienza a mover la barca de manera tal que no pueden controlarla; el agua comienza a meterse en ésta amenazándola con hundirla y los discípulos se llenan de temor. Ellos saben que si no reciben auxilio pronto, el final no será nada grato, y es por eso que corren donde está Jesús, lo despiertan y lo acusan de no tener cuidado de ellos; como diciendo tan indiferente que te ves, estamos en una crisis y usted tan tranquilo durmiendo. ¿Ha sentido usted lo mismo cuando atraviesa por un momento difícil? ¿Siente usted que Dios es indiferente o está dormido?

Una tormenta puede aparecer en nuestra vida en un abrir y cerrar de ojo; vienen en los momentos más inesperados, haciéndonos sentir que las “grandes olas” de la situación nos mueven de un lado a otro, y que en cualquier momento nos hundiremos. En momentos así, si queremos sobrevivir y pasar las crisis, necesitamos tener presente lo que Jesús hizo aquella noche en medio de la tormenta: él calló y enmudeció el mar; él reprendió el viento y éste cesó.

¿Se propuso Jesús darle a los discípulos una lección concerniente a la fe? ¿Trababa él de enseñarles que sin Dios nada podían hacer? Recordemos, ellos conocían esa área geográfica y el comportamiento del mar, tal conocimiento los pudo hacer sentir seguros de poder controlar tal situación; los pudo hacer sentir que no necesitaban a Jesús para cruzar al otro lado del mar aunque hubiera tormenta. Más bien fue lo opuesto, ante tal tormenta ellos sintieron miedo, llegando a pensar que a Jesús no le importaba lo que a ellos les llegara a pasar. Pienso que lo mismo pasa con nosotros: ante las tormentas de la vida llegamos a pensar que Dios no se aligera lo suficiente para socorrernos.

Debemos tener presente que ante toda situación adversa, podemos llamar a Dios y pedirle auxilio. No debemos desmayar o darnos por vencidos y, aunque nos sintamos autosuficientes nunca debemos pretender que no necesitamos a Dios. Jesús ha prometido llevarnos hasta la otra orilla, talvez no lo haga en el momento que esperamos, pero lo hará en Su tiempo, su tiempo es perfecto. Recordemos que la tormenta no es eterna; Jesús tiene el poder para calmar la tormenta inmediatamente y si no la para al momento también tiene el poder para sostenernos mientras atravesamos por ese momento difícil, mientras nos dice: Estad quietos y conoced que yo soy Dios. Aunque la tormenta no es divertida, te motivo a no perder la esperanza; ten fe en Dios…ninguna tormenta es eterna. (Salmo 107:23-30; Marcos 4:41; Isaías 43:2)

Psalm 107-23-30 Mark 4-41 Isaiah 43:2

 

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