A Place of Grace

Thought of the Week

    by Susan

    16 de julio de 2018

(Nota: Un Lugar de Gracia se publica semanalmente)

 

Amor y Misericordia

Para algunos de nosotros, se nos hace difícil entender lo que significa “Gracia” y “Misericordia”. Leí una historia que nos podría ayudar a entender estos dos conceptos.

“Cuando Billy Graham (famoso evangelista) estaba manejando a través de un pueblo pequeño, un policía lo detuvo y le dio un parte por manejar a alta velocidad. Graham admitió su culpabilidad, pero aun así, el oficial le notificó que tenía que presentarse en la Corte.

En la Corte, el juez le preguntó: ¿culpable o no culpable? Cuando Graham respondió que culpable, el juez le dijo que la multa eran diez dólares-diez por cada milla excedida-. Este juez estaba hablando cuando de repente reconoció que el infractor era el famoso predicador. “Usted ha violado la ley’, él dijo, ‘la multa debe pagarla, pero yo la pagaré por usted.”, mientras sacaba el dinero de su billetera y la ponía junto a la boleta de tráfico. Después invitó a Graham a comer una cena, donde el platillo principal era un bistec. “Así es como Dios trata a los pecadores arrepentidos”, dijo Graham.

El juez preguntó: ¿Culpable o no culpable?, cuando Graham se confesó culpable, el juez se mostró misericordioso.

La Palabra de Dios dice, que sin Cristo, “todos estamos bajo pecado y por tanto destituidos de la gloria de Dios”. Es decir el pecado nos separa de Dios, no nos permite tener comunión con Dios. El pecado de Adán pone a todo hombre en deuda con Dios. Jesús al dar su vida en la cruz, paga el precio de la deuda, de todo aquel que le acepta como Señor y Salvador. Y el día que esa persona tenga que comparecer ante Dios, será reconocido como hijo de Dios. Jesús lo dio todo, dejó su trono, entregó Su propia vida para dar la oportunidad de salvación. Nosotros siendo culpables merecíamos castigo, pero Jesús tomó nuestro lugar y canceló nuestra deuda con su propia vida, al morir en aquella cruz. Cuando reconocemos Su sacrificio, nos arrepentimos y le pedimos que reine en nuestro corazón, no solo somos invitados a la gran Cena, sino que también, a una Vida Eterna con él. ¿Lo merecemos? Claro que no, pero, por el amor que Cristo tiene por la humanidad, él mostró Su gracia y Misericordia y Su amor incondicional, al morir en aquella cruz.

Romanos 3: 9-13 Romanos 3:23; Efesios 2:8,9; Romanos 6:14; Salmo 86:5; Tito 3:5; Juan 3:16
 

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